Amazon consumió 2.500 millones de galones de agua en sus data centers

Amazon acaba de revelar una cifra que lleva años sin comunicar públicamente: sus data centers consumieron 2.500 millones de galones de agua durante el último año. El anuncio llega en un momento delicado, justo después de que Seattle implementara una moratoria de un año para nuevas construcciones de centros de datos, impulsada incluso por empleados de la propia compañía. Y es que el consumo de agua y energía de la infraestructura de IA es un tema que está generando cada vez más preocupación en el mundo tech.
¿Qué pasó?
Amazon reveló públicamente, aparentemente por primera vez en su historia, el volumen exacto de agua que consumen sus operaciones globales de data centers. Estamos hablando de 2.500 millones de galones anuales, una cifra gigantesca que pone en perspectiva el costo ambiental de mantener en funcionamiento la infraestructura que alimenta servicios en la nube, machine learning y otros servicios de IA.
El timing del anuncio no es casual. Seattle, donde Amazon tiene una presencia masiva, acaba de implementar una moratoria de un año para nuevos centros de datos. Lo interesante es que parte de la presión vino de adentro: empleados de Amazon fueron parte de los que empujaron por esta regulación, reconociendo que el crecimiento descontrolado de la infraestructura representa un riesgo real para los recursos hídricos locales.
La transparencia de Amazon puede interpretarse como una respuesta defensiva ante la creciente presión regulatoria, pero también refleja una realidad que la industria tech no puede seguir ignorando: a medida que invertimos más en inteligencia artificial, blockchain y computación en la nube, los costos ambientales se disparan de forma exponencial.
¿Por qué importa en Argentina y América Latina?
Para nosotros en la región esto tiene varias implicaciones directas. Primero, Argentina y varios países de Latinoamérica están siendo cortejados por empresas tech gigantes para instalar data centers, atraídos por nuestra energía hidroeléctrica relativamente accesible y regulaciones menos estrictas. Si Amazon necesita 2.500 millones de galones de agua al año a nivel global, imaginá cuánta agua consumiría un data center de esa escala operando en nuestro territorio.
Segundo, el debate sobre el uso de agua es crucial en regiones como Argentina donde el acceso al agua dulce ya es un tema de tensión política y social. Un data center grande en zonas cercanas a acuíferos críticos podría generar conflictos similares a los que vemos en Seattle, pero potencialmente más graves. Necesitamos regulación clara antes de que los incentivos económicos nos lleven a tomar decisiones que afecten nuestros recursos hídricos a largo plazo.
Finalmente, esto abre una pregunta incómoda: ¿a qué costo ambiental viene la IA? Mientras desarrollamos capacidades locales en inteligencia artificial y atraemos inversión tech, también necesitamos exigir transparencia y responsabilidad ambiental a estas empresas. No podemos permitir que la carrera por liderar en IA nos cueste nuestros recursos naturales.
¿Qué se recomienda?
Para gobiernos de la región: Establecer regulaciones claras sobre consumo de agua en data centers antes de dar permisos de construcción. Exigir auditorías ambientales independientes y límites máximos de consumo hídrico.
Para empresas tech: Publicar regularmente datos sobre consumo de agua y energía. Invertir en tecnologías que reduzcan el consumo hídrico y adoptar prácticas de enfriamiento más sostenibles.
Para ciudadanos y ONGs: Monitorear proyectos de data centers en sus zonas. Exigir participación pública en decisiones sobre infraestructura que impacte recursos naturales. La presión de empleados de Amazon en Seattle demostró que el cambio es posible.
Fuente: The Verge AI