Rusia usó software de hackeo en iPhone de activista tras promesa de corte

Acá está el problema: una empresa de ciberseguridad promete dejar de vender sus herramientas a un país represor, pero los investigadores descubren que esas mismas herramientas se siguieron usando para espiar a activistas políticos. ¿El detalle más preocupante? Que esto refleja una realidad que también nos afecta en América Latina: la falta de control real sobre quién usa estas tecnologías y cómo.
¿Qué pasó?
El Citizen Lab, un laboratorio de investigación de seguridad cibernética con sede en Canadá, publicó sus hallazgos el 25 de junio revelando que autoridades rusas utilizaron herramientas UFED (Universal Forensic Extraction Device) de Cellebrite para romper la seguridad del iPhone de Andrey Pivovarov, un activista opositor detenido en junio de 2021. El dato escandaloso: esto ocurrió tres meses después de que Cellebrite anunciara públicamente que suspendería la venta de sus productos y servicios a Rusia y Belarus.
Los investigadores descubrieron esta violación gracias a dos elementos que raramente coinciden: rastros digitales dejados en el propio iPhone y documentación oficial rusa que confirmaba el uso de estas herramientas. La investigación es sólida y documentada, lo que convierte esto en un caso de libro rojo sobre cómo las promesas corporativas pueden quedar en nada cuando se trata de gobiernos represivos.
Cellebrite es una empresa israelí que desarrolla software de extracción forense utilizado por agencias de seguridad en todo el mundo. Sus herramientas pueden acceder a datos cifrados en smartphones y extraer información incluso de dispositivos bloqueados. Vos probablemente no conocés el nombre, pero sus productos son usados rutinariamente por fuerzas de seguridad, y eso es lo importante acá.
¿Por qué importa en Argentina y América Latina?
Este incidente tiene implicaciones directas para nuestra región. Primero, porque Argentina tiene una historia complicada con represión digital. Si bien vivimos en democracia, el caso Pivovarov muestra cómo gobiernos pueden acceder a dispositivos cifrados de activistas y periodistas con estas herramientas. En un contexto donde la privacidad digital ya es frágil, esto nos recuerda que necesitamos más regulación.
Segundo, porque muchas agencias policiales y de inteligencia en América Latina podrían tener acceso a tecnología similar sin supervisión real. No sabemos si Cellebrite o herramientas equivalentes se venden en Argentina, pero la falta de transparencia es parte del problema. En países con instituciones más débiles, este tipo de herramientas puede ser un arma contra periodistas, activistas y disidentes políticos.
Tercero, porque muestra que los códigos de conducta corporativo son insuficientes. Cellebrite prometió responsablemente dejar de vender en Rusia, pero no hay mecanismo que garantice que sus herramientas no se usen a través de intermediarios o distribuidores. Es un recordatorio de que la privacidad en la región no descansa solo en buenas intenciones corporativas.
¿Qué se recomienda?
Para usuarios: No existe defensa 100% efectiva contra herramientas forenses como UFED si tu dispositivo está en manos de un gobierno. Sin embargo, podés minimizar riesgos: mantené tu iPhone actualizado (Apple parcha vulnerabilidades constantemente), usá contraseñas fuertes y considera activar "Modo Aislamiento" en iPhones recientes si considerás que corres riesgo.
Para gobiernos y reguladores: Argentina y los países de la región necesitan regulaciones claras sobre quién puede usar herramientas forenses y bajo qué supervisión judicial. Debería haber auditorías independientes y requerimientos de orden judicial antes de acceder a dispositivos cifrados.
Para empresas de tecnología: Los compromisos de no vender en ciertos países necesitan mecanismos de verificación reales. Cellebrite debería implementar sistemas que imposibiliten el uso de sus herramientas en jurisdicciones donde prometió no operar.
Fuente: The Hacker News